Muchas veces he leído las opiniones de "expertos en educación", abogando por medidas para crear hábitos de lectura en los niños. Y cada vez le hallo menos peso a sus argumentos.
Mi papá trabajaba un kiosco en la Gran Vía. Mi mamá estaba hospitalizada después de dar a luz a mi hermano, por lo que yo acompañaba a mi papá. Un kiosco de 1,5 x 1,5 mts. era casi una cárcel para un niño de 4 años, así que me ponía a jugar con las cajetillas de cigarros o lo que tuviera a mano. Hasta un día en que mi papá, tal vez exasperado por mis incesantes preguntas, me pasó una revista de historietas. Mi inagotable curiosidad halló un obstáculo insalvable, no sabía leer. Y mi papá estaba demasiado ocupado atendiendo el kiosco, como para leerme. Y así comenzó la larga espera, llegué a kinder con la mente fija en 1º Básico, porque me habían dicho que en ese nivel uno aprendía a leer. Esa era mi misión, mi leit motiv, mi obsesión. Al llegar a 1º Básico aprendí a leer en tiempo récord. Y por obra y magia de la lectura, aquel reducido espacio de 1,5 x 1,5 se transformó en una puerta hacia nuevos mundos.Mediados de la década de los 80', se acercaba el final de la dictadura. Mi abuelo pinochetista imponía su voluntad de hierro en la casa, donde vivíamos junto a mis padres.Cuando él se iba a su otra casa, yo aprovechaba para escabullirme en una pieza a la que él nos había prohibido
entrar a mí y a mi hermano. Esa pieza, a la que yo bauticé la habitación de las mil páginas, estaba repleta de revistas, libros, discos, fotos, dos radios antiguas, relojes, abrigos, sombreros, etc. Teniendo en cuenta la precariedad de la época, los libros se transformaron en mi vía de escape pero también en fuente de enseñanzas e inspiración.¿Y a qué viene tanto racconto autobiográfico? Para demostrar que el
Al morir mi abuelo, la habitación de las mil páginas se transformó en mi dormitorio.
A pesar de que hoy existen multitud de opciones como Youtube, yo no abandono el placer de leer para, en pleno acto de complicidad con el autor, imaginar mundos y épocas ajenas hasta hacerlas tan vívidas que se transformen en propias.
