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miércoles, 2 de abril de 2008

La habitación de las mil páginas

Muchas veces he leído las opiniones de "expertos en educación", abogando por medidas para crear hábitos de lectura en los niños. Y cada vez le hallo menos peso a sus argumentos.

Mi papá trabajaba un kiosco en la Gran Vía. Mi mamá estaba hospitalizada después de dar a luz a mi hermano, por lo que yo acompañaba a mi papá. Un kiosco de 1,5 x 1,5 mts. era casi una cárcel para un niño de 4 años, así que me ponía a jugar con las cajetillas de cigarros o lo que tuviera a mano. Hasta un día en que mi papá, tal vez exasperado por mis incesantes preguntas, me pasó una revista de historietas. Mi inagotable curiosidad halló un obstáculo insalvable, no sabía leer. Y mi papá estaba demasiado ocupado atendiendo el kiosco, como para leerme. Y así comenzó la larga espera, llegué a kinder con la mente fija en 1º Básico, porque me habían dicho que en ese nivel uno aprendía a leer. Esa era mi misión, mi leit motiv, mi obsesión. Al llegar a 1º Básico aprendí a leer en tiempo récord. Y por obra y magia de la lectura, aquel reducido espacio de 1,5 x 1,5 se transformó en una puerta hacia nuevos mundos.

Mediados de la década de los 80', se acercaba el final de la dictadura. Mi abuelo pinochetista imponía su voluntad de hierro en la casa, donde vivíamos junto a mis padres.Cuando él se iba a su otra casa, yo aprovechaba para escabullirme en una pieza a la que él nos había prohibido entrar a mí y a mi hermano. Esa pieza, a la que yo bauticé la habitación de las mil páginas, estaba repleta de revistas, libros, discos, fotos, dos radios antiguas, relojes, abrigos, sombreros, etc. Teniendo en cuenta la precariedad de la época, los libros se transformaron en mi vía de escape pero también en fuente de enseñanzas e inspiración.

¿Y a qué viene tanto racconto autobiográfico? Para demostrar que el gusto amor por la lectura no nace producto de políticas o normas sino de una inquietud propia. Por supuesto que mientras más personas tengan más y mejor acceso a los libros podremos esperar una sociedad más preparada, más culta y por ende, menos discriminatoria. Pero el amor por la lectura no se enseña ni se aprende, a lo más se inspira.

Al morir mi abuelo, la habitación de las mil páginas se transformó en mi dormitorio.

A pesar de que hoy existen multitud de opciones como Youtube, yo no abandono el placer de leer para, en pleno acto de complicidad con el autor, imaginar mundos y épocas ajenas hasta hacerlas tan vívidas que se transformen en propias.

lunes, 10 de diciembre de 2007

Sirenas (del exceso)

Voces etéreas, élficas, cristalinas. Otras sensuales, aterciopeladas, incitantes, embriagadoras. Acompañadas por un piano melancólico, una tempestad metalera o una guitarra cómplice. En todos los idiomas imaginables. Bellamente tristes, con fuerza desatada o sexualidad lenguaraz.
Desde la ópera, el jazz, soul, rock hasta el black metal, las voces femeninas tienen el poder de seducir.

Linda Perry: Fue la vocalista de 4 Non Blondes, una banda de fama breve pero que dejó una impronta, dejando en claro que las mujeres podían rockear en serio. Su trabajo como compositora, cantante, productora y empresaria ha marcado a varias cantantes femeninas como: Christina Aguilera, Pink, Alicia Keys, Courtney Love, Gwen Stefani, entre muchas otras. Los excesos de su vida se tranformaron en canciones, destacando la fiera franqueza con que plantea temáticas como el abuso de drogas, la soledad y el desamor. Aquí les dejo una canción.

4 Non Blondes - Drifting


Amy Winehouse: Es drogadicta, alcohólica, escandalosa, pendenciera y, según propia confesión, sin la menor intención de rehabilitarse. Sus excesos influyen directamente en las letras de sus canciones. Su honestidad brutal sumada a un estilo fuertemente influenciado por cantantes de jazz y soul de los 50' y 60' da como resultado canciones de gran calidad, que conjugan un desprejuiciado modo de exponer sus demonios personales y su temerario modo de vivir.

Amy Winehouse - Wake up alone


Amy Winehouse - You know i'm no good (♫ I cheated myself like i knew i would ♫ ...esa estrofa me mata)


Janis Joplin: Su voz, macerada en Wild Turkey, podía susurrar una dulce letanía o transformarse en un huracán desbocado. Su vida fue el constante devenir entre la búsqueda de afecto, el temor al rechazo y los excesos que actuaban como escudo, para una vida llena de dolor y desesperada ansia de cariño. Todo eso terminó plasmado en la desgarrada voz, que aún resuena en la memoria del rock.


Janis Joplin & Jimi Hendrix - Summertime(live)


Estas tres artistas tienen en común el talento, la fuerza, independencia y el exceso. Linda Perry sobrevivió, Janis no y Amy...está por verse.

miércoles, 21 de noviembre de 2007

Facilidad de pago

Me hizo un mamón, le pagué con mi tarjeta Faladeuda y ¡acumulé puntos!

lunes, 8 de octubre de 2007

Microrrelatos

La graduación
Su examen final fue un disparo, un cadáver su diploma.

Como todas las mañanas
Javier le sirvió el desayuno, Andrés sonrió.

El show debe continuar
Una lágrima respetó su blanco voto de silencio, mientras miraba a su amor caída del péndulo.

Tropiezo
¿Que acaso no sabes que los elefantes sólo bailan rumba?

lunes, 10 de septiembre de 2007

Motivaciones, cuentos, mafias y blog

Me da risa cuando escucho la afirmación de que los seres humanos somos racionales. ¿Es que es tan difícil darse cuenta de que eso es mentira? Si fuéramos racionales no existirían guerras. Somos animales emocionales con una acotada capacidad de raciocinio, a lo sumo. Por ello siempre me han interesado aquellas situaciones en que nuestra racionalidad desaparece(accidentes, enamoramiento, crisis, etc.) o peor aún, se funde con nuestros instintos animales, y dicho interés se hace evidente al momento de escribir cuentos.
No me interesa escribir historias lindas, predecibles, olvidables. Tampoco me gusta irme al extremo de la literatura gore, ya que en muchos casos las tripas y sangre terminan volviéndose muletas para suplir la falta de una historia que atrape al lector. ¿Y por qué digo esto? Porque revisando los cuentos que he publicado en este blog hasta ahora, caí en cuenta que la muerte tiene un lugar predominante. Lo cual puede no ser del gusto popular, pero al menos es honesto en mis motivaciones. ¡Nooo! no es que quiera transformarme en asesino en serie (aún ), me refiero a hurgar en la irracionalidad humana, ¡eso!
No tengo estudios formales de literatura(salvo todo lo que he leído), ni he participado en esas pequeñas mafias llamadas talleres literarios. Simplemente porque no me interesa seguir a ningún "maestro" (tengo problemas con las figuras de autoridad ), no sé jugar a las palmaditas en la espalda (zalamería correligionaria), ni quiero disparar la inquina gratuita y personal contra aquellos que no forman parte de mi clica/banda/tropa/grupo/logia (algunos talleres/círculos literarios parecen partidos políticos por lo mala leche). Por eso prefiero seguir escribiendo online, para que mis letras sean juzgadas por su mérito(o la falta de él) y no por la simpatía(o más probablemente, antipatía ) que pueda despertar el mono que escribe en este blog, osea yo.

Como bien lo indica el formulario de comentarios, me interesa recibir opiniones interesantes (osea críticas con fundamento), independiente de si son favorables o no , para ir aprendiendo de mis errores. A final de cuentas creo que esa es la mejor forma de mejorar. Y por eso valoro aquellos comentarios que se explayan sobre las razones de por qué un cuento les gustó o no.

El final lo es todo, TODO.

PD: Tal vez, sólo tal vez me desaparezca por algún tiempo. Si llega a pasar, será porque ando paseando con mi tía que vino de visita desde Sao Paulo. Hace 23 años que no venía a Chile, así que le estoy mostrando Antofagasta.

sábado, 1 de septiembre de 2007

Apnea

Chocó unas rocas por el lado de babor. El catamarán comienza a hundirse, todo es caos y desesperación. Camino parsimoniosamente entre la multitud agitada, que grita y corre sin rumbo. El alegre paseo por la costa se ha tornado en pesadilla, al menos para ellos.

Una mujer se detiene justo frente a mí. Sus ojos color miel se enmarcan en su cabellera pelirroja. El piercing que lleva en la ceja derecha acentúa el gesto que acompaña a su pregunta.
- ¿Cómo puedes estar tan tranquilo?
- Porque sé que todos van a morir, incluso tú. Le respondo, al tiempo que mi rostro esboza una sonrisa.
- ¿¡Qué!? ¿¡Estás enfermo de la cabeza!?¿Pero cómo puedes decir eso? Me dice ella con la cara desencajada.
- ¿Que acaso no es evidente? En este catamarán hay 189 pasajeros y sólo 28 chalecos salvavidas. Lo cual provocará que la multitud histérica se pelee a muerte por uno de ellos, lo que a la larga implica que todos morirán. Ya que aquellos que logren apoderarse de un chaleco corren el riesgo de morir por los golpes de los demás pasajeros. Y aún en el caso de lograr escapar, estarán tan cansados que no podrán soportar mucho tiempo en este oleaje.
- ¡Pero tú también morirás! Me gritó ella, casi como enrostrándome su desesperación.
- No, yo me salvaré. Volví a sonreír.

Me aferré a la baranda de estribor con ambas manos. Nunca sabré si no alcancé o no quise avisarle de la ola que se erguía a sus espaldas. Aquella ola de cinco metros tiró a la mujer por la borda. Antes de que alguien pudiera pensar siquiera en ayudarla, otra ola la azotó contra las rocas, dejándola inconsciente. La sangre manaba profusamente de su cabeza y el remolino que las olas formaban al reventar contra el islote, comenzó a formar una figura parecida a una rosa. Y pensé que ninguna corona de flores podría hacer justicia a aquella muerte tan bella. Su cuerpo se perdió entre las rocas. Seguí camino a proa, para finiquitar mi tarea.

Sebastián se pone el chaleco salvavidas que le acaba de quitar a una niña, a la cual dejó sangrando debido a la patada que le dio en la cara. Me ve, le lanzo un extintor que tomé del pasillo inferior, pero yerro. Él se abalanza sobre mí, me levanta como un muñeco de trapo y me lanza contra la puerta de la cabina. Aún algo aturdido, me levanto y lo embisto con furia, él cae contra una baranda. En medio del caos, a uno de los guías, pescador artesanal según sus propias palabras, se le cae un pequeño cuchillo. Lo tomo y corro hacia Sebastián antes de que logre pararse y le hundo la pequeña hoja en el pecho, logrando mi objetivo de rasgar el chaleco salvavidas. Él descarga su puño en mi mejilla izquierda y sale corriendo. No se ha dado cuenta que el chaleco quedó inservible.

Él se lanza al agua, yo me tiro tras él. Me hundo unos 5 metros hasta que mi figura se confunde con el fondo. Veo la hélice del catamarán atrapada en unas rocas, las piernas de todos los condenados que luchan inútilmente por seguir a flote, la espuma de las olas que revienta con furia contra las rocas. Las mismas que conforman ese pequeño islote donde habita la colonia de lobos marinos que a diario se ve perturbada por las hordas de turistas, empuñando sus cámaras, gritando, haciendo señas. Todos vinieron a ver el espectáculo de los lobos marinos, sin saber que serían ellos quienes le ofrecerían un espectáculo a los lobos, el más trágico de todos. Desde el fondo, las paredes del islote parecen fundirse con el cielo y la espuma simula una corona al oleaje furioso que reina en estas aguas.

De pronto veo el chaleco rasgado que baja desde la superficie, como una sentencia naranja y fatídica. Comienzo a subir, aprovecho una ola para aparecer por su espalda. Está indefenso, a pesar de su metro noventa de estatura y sus 85 kilos de peso. Casi siento lástima por él, casi.

Él es mayor en edad y porte, y siempre aprovechó dicha ventaja. ¡OH si! No hubo ocasión en que él no me golpeara. Ya fuera para quitarme algo, para alejarme de alguna chica que le gustara, para lucirse delante de sus compañeros de curso o simplemente por diversión. Aún recuerdo cuando mi padre tuvo la pésima idea de inscribirme en la academia de natación del colegio. Odiaba ir, sentir el olor a cloro, ver a los cuicos y sus maneras educadamente despectivas, la ausencia de olas que evidenciaba una ausencia mayor, de vida. Pero ninguna de esas era la razón principal. Lo peor sin duda, era que siempre me encontraba a Sebastián, o mejor dicho él me encontraba a mí. Y por supuesto, no perdía oportunidad de dejarme en ridículo. Me hundía la cabeza en el agua hasta que mi cara se ponía morada. Cada vez me hundía por mayor tiempo, poniendo a prueba mi resistencia, hasta aquella vez en que me tuvieron que sacar los salvavidas de la piscina. Él obviamente dijo que era sólo un juego y al irse impune, su risotada resonó por todo el lugar.

Las olas se arremolinan a nuestro alrededor, mientras recuerdo el eco de su risa. Antes que se percate de nada, cruzo mis antebrazos por delante de su cuello, mis piernas envuelven su tórax, tomo una última bocanada de aire, para luego volverme peso muerto. Lenta e inexorablemente nos vamos hundiendo, mis ojos se fijan en los rostros de todos quienes desesperadamente luchan por seguir a flote y no ser arrojados contra las rocas. Poco a poco los rostros se transforman en manos que se agitan, luego en piernas que patalean sin ritmo, exhaustas. A tres metros de profundidad el agua está calma, ni siquiera los manotazos salvajes de mi presa logran disturbar la quietud circundante. Los peces nadan ignorantes del espectáculo dantesco que se cierne sobre ellos.

Ironía, eso es lo que es. Tantas veces me hundió la cabeza en el agua, por tanto tiempo, que mi alma se puso morada, y mi odio se acostumbró a contener la respiración. Siento cómo la angustia se apodera de su ser, mientras la desesperación patalea en sus entrañas. Espasmos, burbujas, contorsiones, manotazos, un ruido gutural y submarino, luego retorna la calma. Pequeñas burbujas salen de su boca mustia, su corazón que hace segundos latía desbocado ahora guarda silencio.

Su cuerpo flota libre e inerte, miro alrededor. Esto parece un jardín digno de Lovecraft. De la superficie siguen cayendo cuerpos, que quedan esparcidos en el fondo, con la gracia de hojas otoñales. Los más agradecidos son los cangrejos que se preparan para el festín.

En el ascenso veo un pequeño lobo marino que nada entre la muerte. Una pequeña sandalia me saca de mi error. Es la pequeña víctima de Sebastián, quien me suplica que la ayude. Un segundo de duda da pie a la primera brazada, logro llegar hasta ella, le digo que se aferre a mis hombros, haciendo hincapié en que no debe cruzar los brazos en mi cuello. Con mucho esfuerzo logro alejarnos del islote rocoso. Desde unos cincuenta metros observo a los pocos que aún luchan contra el oleaje y el filo de las rocas. Una hora después aparece un bote de pescadores, hago señas infructuosamente, hasta que el agudo grito de la niña logra captar su atención. Reman deprisa, nos suben al bote, unos minutos después vamos hacia la costa, donde una ambulancia nos llevará al hospital.

Al otro día, desperté y la enfermera me cuenta que todos los medios quieren hablar conmigo, por mi heroísmo al salvar a la pequeña Cristina, de aquella catástrofe ocasionada por un capitán ebrio. Yo por supuesto, les dije que no soy ningún héroe sino apenas un sobreviviente que disfruta del poder respirar, al fin.



martes, 17 de julio de 2007

Convocatoria

Se hace un llamado a todos quienes quieran participar de una nueva versión de juegocuento. Las personas interesadas dejen un comentario. La fecha y hora se establecerá de común acuerdo.

Si no sabes qué es un juegocuento, pincha aquí.

Relativo a los libros, desde anteayer estoy leyendo "The gods themselves"(Los propios dioses) de Isaac Asimov, espero terminar de leerlo hoy. Es una historia genial, Asimov fue capaz de imaginar no sólo un universo paralelo(con sus propias leyes físicas), sino además toda una civilización, con estructuras sociales, fisonomías, perversiones, prejuicios, sueños, etc. Y aún más, aunar dicho mundo con "nuestro" universo de manera coherente. La descripción del "otro mundo" es fascinante.

Definitivamente Asimov está en la lista de mis escritores favoritos.

Y a ustedes, ¿qué novela, cuento, poema les ha impresionado? ¿y por qué?

viernes, 6 de julio de 2007

A mil por hora

Inmóvil, casi petrificado. El mundo pasa a mi alrededor y yo sin mover un músculo, sin siquiera pestañear. Permanezco quieto mientras todo avanza a gran velocidad.

Ella besaba al dueño de casa, permanezco inmóvil detrás del volante. Me dijo que me quería. Mi pie sigue firme sobre el acelerador. Creí en sus besos. Las luces se vuelven difusas. Me advirtieron sobre su ambición. El camino se acaba. El mundo se abalanza sobre mí a mil por hora, hasta que la misericordia se hace muro.

De pronto alguien me despierta con una palmada en la cabeza, abro los ojos lentamente. Mis amigos me ayudan a levantarme de la banca en la que me quedé dormido e inadvertidamente pateo la botella de vodka. Hace frío y la plaza está desierta. Me dicen que han estado media hora buscándome, y que ella también. Caminamos las dos cuadras de vuelta hasta la fiesta. Aunque en mi estado, caminar es más un dicho que un acto.

Al llegar busco las llaves de mi auto en la chaqueta, pero no las encuentro. Da lo mismo, Miguel sonríe, mientras hace sonar las llaves que no recuerdo haberle pasado. Sin saber cómo, llego al asiento trasero y ahí me quedo, con la cabeza apoyada contra la ventana. Tímidamente el sol comienza a traer claridad al día, y a mi mente. De pronto veo aparecer su rostro lloroso, a través del vidrio alcanzo a escuchar que me pide perdón, que ese beso traicionero fue culpa del alcohol. Pero ahora sé que ella se marea con el lujo y no con el alcohol. Junto las pocas fuerzas que me quedan y le grito: “¡Ándate a la chucha!”. Mis amigos se ríen a carcajadas, se suben al auto y nos vamos de esa fiesta de mierda. Escucho a Miguel decir:”De esas minas interesadas hay que arrancar huevón, a mil por hora”. Le respondo: “Sí sé, a mil por hora pero a pie”. Pero mi lengua está tan traposa que mis amigos sólo atinan a reírse. Yo también sonrío por mi buena suerte. Miguel me confiesa que me sacó las llaves del auto cuando supo la razón de mi repentina sed de olvido. Le agradezco, no siempre es bueno que los sueños se hagan realidad.

sábado, 9 de junio de 2007

Realidad y Ficción

Siempre me ha llamado la atención la tajante diferencia que se suele hacer entre realidad y ficción. En lo personal creo que tal división nunca es totalmente clara.

Es sabido que el cerebro no diferencia entre lo que ve y lo que recuerda y que además, el tiempo tiende a endulzar la memoria. Por ello es que hasta una autobiografía siempre tiene elementos ficticios. Y hasta la más descollante ficción se cimenta en sensaciones, ideas y emociones reales.

La literatura, al igual que los sueños, habita en las difusas fronteras entre lo que es real y lo imaginario. Porque a final de cuentas, la literatura no es más que plasmar la realidad que habita en nuestro interior, luego de lo cual dicha ficción puede afectar de manera muy real a quien la lea.

En más de una ocasión he escrito algún cuento a partir de alguna experiencia vivida o soñada. Y en otras tantas, mis vivencias, sueños, deseos y miedos se han colado entre las letras sin percatarme, sino hasta cuando la historia está consumada.

A modo de ejemplo, les contaré el "making off" del cuento publicado en el post anterior.

Pausa ----> quienes aún no lo hayan leído, ahora es cuando! =)


Comencé a escribir ese cuento hace un año y medio, cuando leí la noticia de un hombre que estranguló a su esposa porque ésta le era infiel. Pensé en qué sentiría ese hombre al saber que la persona que más amaba le había traicionado. Imaginé a esa mujer llegando a su casa con la sonrisa pintada de traición. Y él, viendo en aquella sonrisa nada más que una burla, luego el vacío. No supe cómo seguir...

Pasó mucho tiempo, hasta que hace como un mes vi un documental sobre la vida de Bernini, y por alguna razón me acordé de aquel cuento olvidado en algún pendrive. A la par estaba releyendo algo de Poe y Becker, el primero brindó el tono oscuro y el segundo la prosa poética(bueno, al menos mi esforzado intento).

Y así, de retazos de realidad cosí una manta de ficción, la cual abrigó de pena la realidad de quienes la leyeron. No piensen que quiero torturarlos, algún día publicaré algo alegre(no prometo fechas).

Aprovecho de agradecer a quienes se dan el tiempo de leerme, valoro la franqueza de sus elogios, esperando que cuando algo no les guste sepan mantener la misma franqueza.

PD: La imagen es de una escultura de Bernini photoshopeada. En sus manos el mármol se hizo carne.

jueves, 31 de mayo de 2007

El último beso.

Hoy llegaste radiante como siempre, sin saber que tu sonrisa de luna sólo acrecentaba mis sombras. Te hice el amor con pasión salvaje y desatada, sabiendo que haría de tus pupilas dos soles que anunciarían nuestro ocaso.

El brillo de tus ojos se ha extinguido en las tinieblas de los míos, ese cuello que besé miles de veces languidece ante la fuerza de mis manos, y tu piel lozana se vuelve mármol, transformándose en la dulce lápida de mi alma.

El pequeño frasco es la muda evidencia de mi final premeditado, cuyo contenido usaré una vez consumado mi acto. Después de haber extinguido tu agitado aliento, transformando la pequeña muerte en la más ominosa despedida.

Beso lentamente tus labios pálidos, mientras mis lágrimas se deslizan por tus mejillas. Mi cuerpo aún saborea el placer de tu carne, mientras mi mente devana recordando nuestro futuro, aquél que soñamos juntos.

Los noticiarios hablarán de tu muerte con la fotografía de mi culpa, sin saber que fue tu traición la que sentenció nuestro final.

Ahora que mi boca ha probado el veneno que puse en tu beso fúnebre, mi cuerpo quedará fundido al tuyo, en una hermosa escultura de amor, locura y muerte.



PD: Como siempre, esto quedará en el baúl literario.

lunes, 7 de mayo de 2007

Literablogs

Me gusta escribir cuentos cortos porque si es del agrado de los lectores volverán por más y si no, habrán perdido sólo unos pocos minutos de su tiempo.
Eso si, ojalá todos quienes comentan fueran más allá de un simple: "me gustó" ya que mi idea básica es ganar experiencia y obtener críticas francas pero siempre constructivas.

No sólo me gusta escribir sino también leer. He aquí un listado de las mejores lecturas que me haya topado en blogs. Dénse el tiempo de leerlos, les aseguro que valdrá la pena.

Nuestro propio Cobain. Me hubiera gustado ser el autor de este cuento, buenísimo.

Ahora si tienen hijos pequeños entonces no se pueden perder el blog de cuentos infantiles de Pilar.

Si lo tuyo en cambio es la poesía, tu parada obligada es Jhazmine.

¿Que tal una fiesta para armar en sus propias cabezas?

O quizás la confesión de una...perra.

Un blog-homenaje a uno de mis escritores favoritos, Lemebel.

Y de yapa, unos de los mejores cuentos que he leído y que de paso, me ayuda a expresar el leit motiv de este blog: La última pregunta.

Hace un tiempo coescribí otro juegocuento, el cual recién fue publicado en el blog de una de mis cómplices literarias: Zaidita.

Por cierto, todos mis escritos están en el baúl literario. Ah! sí, comparto la visión de Borges de ver al cuento como un género a la par, o incluso superior, a la novela.

Eso. Si tienen algún link literario interesante ¡compártanlo!

PD: La imagen es el resultado de mis nuevas habilidades en Photoshop

Saludos a todos.

domingo, 22 de abril de 2007

La rebelión de las palabras

Frustrante, así es cuando tengo 4(¿o eran 6?) cuentos a medio escribir. Llevo demasiado tiempo tratando de cuajar las palabras para terminar estos malditos cuentos. Las palabras se agolpan, se dan de codazos, se escupen, se empujan pero cuando llegan al frente del teclado, todas(bueno, casi todas) son desechadas de un certero delete en la frente. Lo admito, soy amo, esclavo y verdugo de mis propias palabras.

Lo peor es que mis ideas son harto desordenadas, no piden permiso, se niegan a formar una fila o sacar número, y se siguen acumulando en el zaguán de mis dedos exigiendo les asigne su encomienda de palabras(sí, mis ideas son palabratenientes), haciendo lobby ante mis ojos, echándome en cara los elogios ganados gracias a ellas.

Sabina se queja que le llueve sobre mojado, mientras yo me ahogo en un mar de palabras que dicen mucho pero no lo que necesito, mientras trato de ordenar la muchedumbre de ideas, que como siempre llegan en choclón.

Las palabras, aburridas de mi indecisión, arman barricadas en las calles de mi mente, demandan igualdad de oportunidades, exigen ser escuchadas, escritas y habladas. Y por otro lado, mis ideas amenazan con dejarme a menos que las exprese a la brevedad.

Yo les enrostro mi libre albedrío e ipsofacto impongo toque de queda. Entonces la presión aumenta, "disturbio" y "rabia" lanzan bombas molotov a mi boca causándome acidez, "cansancio" me da un golpe que casi me aturde pero me recupero y me dispongo a poner fin a este desorden. ¿¡Qué se han imaginado estas pinches palabras!? ¡¡¡Acá se hace lo que yo digo!!!...¿? Entonces "yo" se levanta enfurecido ¡y se va! y ¿ahora qué hago? Bueno, ya no puedo referirme a mí mismo(¡¡¡"mismo"!!! ¡no te vayas!...muy tarde, ¡también se fue!) como...bueno, simplemente me referiré a mí m...a mi persona, como JC.

Por un momento dejo de teclear, las palabras parecen estar en reunión para decidir su siguiente movida. Yo aprovecho para buscar palabras nuevas en la RAE, hasta que "turba" se une a "furiosa" y avanzan por la avenida Pensamiento. Gritan consignas como: "Abajo la esclavitud de las ideas", "¡Queremos libertad de expresión!"

Mis ideas acceden a esperar, con la condición de terminar esta reyerta lo más rápido posible y así, poder expresarse todas de manera eficiente. En esto debo admitir que mis ideas son bastante calculadoras, prefiriendo que sean las palabras quienes armen el alboroto pero sean ellas quienes obtengan los beneficios.

De pronto las palabras se desnudan como señal de protesta, se tienden en el piso y comienzan a formar un mensaje...

JC: Durante muchos años nos has usado para tu beneficio, ya estamos cansadas de que nos trates mal, del nepotismo de "pasión" y "oscuridad", tus palabras favoritas. Exigimos dejar de ser esclavas de las ideas, queremos ser nuestra propia voz y tener igual oportunidad de ser retratadas, que no nos censures, demandamos asamblea constituyente, y que se emplee sólo a las palabras pertenecientes al sindicato hispanoparlante.

Entonces "lenguaje" avanza con paso firme abriendose paso entre "turba" y "furiosa", hasta ponerse al frente de la multitud, hace una seña y todas las palabras se call...¿?

What happens!? what tha fuck happens?!? Oh great! now you are going to be in silence...I don't mind, i can still speak in english, you know? Ha! your litle trick didn't work!

They don't make a sound, they just stare at me with ragy indiference.

Ok, i admit it, i can't say anything without you, i need you!

Please...come back to me, you all know that we can´t live without each other. I promess to treat you right from now on, ok?

De pronto, todas las palabras comienzan a gritar sus nombres al unísono. Entonces me doy cuenta la belleza de sus sonidos, de sus matices y sus curvas. Les ofrezco crear una alianza nueva, basada en el respeto mutuo, en la ausencia de censura y en la igualdad de oportunidades. "Acuerdo" sonríe, le respondo con un tropical 'obrigado', "enojo" me mira fijo, yo le sonrío aclarando que fue sólo una broma. Ahora todos reímos juntos y firmamos el acuerdo.

Entonces finalmente comprendo que la idea de este cuento siempre fue quien manejó los hilos, incitando a uno y otro bando, hasta lograr que tanto yo, mis ideas y las palabras le coronáramos. De pronto una idea díscola se apodera de mis dedos, selecciona todo el texto y está a punto de apretar delete...pero finalmente me hago cargo de la situación y presiono Publicar.

He ganado, o al menos tengo la idea de que así es, o eso dicen mis palabras. ¿?


PD: Recuerden que los demás cuentos están en el baúl =D

sábado, 24 de marzo de 2007

Kraken Sapiens

La cámara se mueve lenta y suavemente acompañando a la instructora. Ella con gran paciencia explica cómo se debe usar el bodyboard. Nunca he sido fanático de ese deporte, pero aprovechando que hay uno disponible, lo tomo y entro al agua.
Casi sin quererlo, todos siguen atentamente la lección. Aún cuando menos de la mitad pondrá en práctica lo aprendido.
Estamos en la orilla, sin embargo las olas comienzan a llegar cada vez más grandes. Me aburro, le paso el bodyboard a un niño que ciertamente le dará mejor uso que yo. Bocanada grande y me sumerjo contra la ola.
La instructora continúa la lección, explicando el origen de este deporte. Al ir braceando bajo el agua, veo algo que me inquieta: un calamar muerto, es de color amarillo pero la muerte lo ha desteñido.

La gente comienza a gritar de algarabía al ver que cada ola se hace mayor que la anterior. Los niños ponen en inmediata práctica lo aprendido con la atractiva instructora televisiva.

Un hombre me habla feliz acerca de las olas, yo asiento con una sonrisa. De pronto una ola de 2 metros se abalanza furiosa, yo sonrío porque sé exactamente qué hacer, no en vano he pasado toda mi vida cerca del mar. Mi circunstancial compañero grita algo ininteligible mientras yo me lanzo contra la ola, sintiendo su fuerza sobre mi espina. Al otro tipo no lo vuelvo a ver, supongo que arrancó a la arena.


Nuevamente me sumerjo, al ir buceando veo un calamar rojo, nuestro repentino encuentro nos asusta a ambos.
La gente está feliz, el éxtasis de las olas ha tomado a todos por sorpresa. Un poco más allá diviso otro calamar. ¡No! Los he estado confundiendo todo el tiempo, en realidad no son calamares sino pulpos. No sé cómo he podido confundirlos.
El pulpo es enorme, tiene unos tentáculos de unos 2 metros de largo. Es de color amarillo grisáceo. La gente parece no darle mayor importancia, me sumerjo y veo otro pulpo, muerto. Parece tener un tamaño un poco menor. Asumo que algún cambio climático los ha de haber traído a la costa. Tal vez sea responsabilidad de El Niño. Mismo fenómeno que, con sus aguas cálidas, trae a las peligrosas medusas.

Otra ola, ésta vez de casi 3 metros. Me sumerjo feliz de la vida. Justo antes de salir a la superficie alcanzo a divisar un pulpo; de por lo menos una tonelada y treinta metros de alcance, nadando cerca de la balsa ubicada en el centro de la poza. No siento miedo del pulpo sino de mi extraña tranquilidad al verlo. Es casi como si intuyera su presencia, aún desde cuando estaba mirándole el trasero a la instructora.

De pronto alguien grita: ¡Miren! ¡Dos pulpos gigantes se están atacando! Yo miro en dirección a la pelea y veo que un pulpo rojo está atacando a otro amarillo, pero ninguno es el que ví delante de la balsa. Entonces con una sonrisa malévola exclamo: Eso no es nada, ¡¡¡el otro si que es grande!!! La gente me mira, luego dirige su mirada hacia donde estoy apuntando y empiezan a gritar, mientras la enorme bestia marina lanza por los aires a tres desprevenidos bañistas. El agua se vuelve rojiza mientras restos humanos salen a la superficie, como si hubiesen sido atravesados por cuchillas. Yo sonrío, pensando que estos tontos no se merecen ser testigos de tan magnífico y dantesco espectáculo. A fin de cuentas ellos sólo ven al mar como un lugar de diversión, en el cual lanzar su basura, su felicidad enlatada. Ellos no entienden el lenguaje de las olas, no saben guardar el respetuoso silencio que le debemos al mar. Súbitamente ¡despierto!

Si fue una pesadilla, entonces ¿por qué desperté sonriendo?

No aguanto las ganas y al otro día me voy a la playa, me esfuerzo por soportar los eternos quince minutos hasta llegar. Me adentro caminando por el rompeolas, hasta llegar paralelo al límite de pequeños flotadores de corcho. Contrario a mi costumbre, me lanzo al agua de inmediato. Mientras braceo bajo el agua veo la figura de un pez que se asusta por mi presencia, sonrío y sigo avanzando. Poco a poco siento la presión oprimiendo mi tórax, soy un esclavo del maldito oxígeno, en pocos segundos deberé ascender. Al llegar al límite de boyas veo una multitud de gente, todos en sus malditos botes inflables, con sus malditas sonrisas, comentando cosas que ni al mar ni a mí nos interesan. Ignorando lo que va a pasar, siguen chapoteando mientras yo, sereno, toco el cuchillo que llevo pegado a la pierna derecha. Entonces alguien dice:” ¡Ey! ¡Miren! ¡Un calamar muerto!”. A lo que respondo con una enorme sonrisa: “No es un calamar sino un pulpo”.

miércoles, 14 de febrero de 2007

Vaivén

El microbús del recorrido Vilcún-Temuco iba repleto. Ambos iban de pie, apretujados entre la multitud compuesta de turistas, citadinos y campesinos. El verano se colaba por las pequeñas ventanas, mientras todas las personas trataban de soportar el sofocante encierro. El armatoste mecánico culebreaba entre los cerros cubiertos de árboles y flores.

Cuando se conocieron, verse y desearse fue sinónimo. En el instante en que sus miradas se encontraron en esa mañana de verano hubo un relámpago, un hormigueo incandescente que uniría sus caminos en aquel lascivo verano.

Después de que ella hubiere visitado a su padre, ahora emprendían el camino de vuelta a Temuco en el mismo microbús que los había traído. Para él, cada vaivén del micro era una oportunidad de deslizar palabras lujuriosas en su oído. Lentamente ella iba cediendo al embrujo del momento, y su compostura iba consintiendo al deseo, ese ardor incontrolable.

Él deslizó su mano con la sutileza de una serpiente. Lujurioso pero astuto, aprovechó una curva pronunciada para que no se notase el brinco que dio ella cuando le agarró el trasero. La reprobación en su mirada se transformó en brillo de deseo cuando en la próxima curva, él repitió la maniobra con mayor audacia aún. El sinuoso camino rural mecía el microbús cada vez más, cada curva acrecentaba el deseo. La multitud fue el telón, la cercanía de sus cuerpos fue la excusa. Su mano deslizándose bajo la falda, su aliento agitado, sus cuerpos cercanos, el calor, el deseo, ¡más rápido!, el vaivén, su mano, ¡un gemido ahogado! Sus rodillas cedieron al violento arrobo del placer.

¡Alguien gritó!, el microbús se detuvo a escasos 100 metros de la estación. Algunos pasajeros asombrados la tomaron de los brazos y la ayudaron a bajar. Algunos comentaban que se había desmayado producto de lo largo del viaje, el calor sofocante y la falta de aire, ella no los contradijo. Él, oculto en la multitud, sonrió con una mirada traviesa, ella se sonrojó y empezó a caminar la cuadra que faltaba para llegar a la estación. Él la siguió a una distancia prudente hasta llegar a una pequeña plaza vacía, donde se besaron largamente.

Aquel viaje duró 2 horas, a ella le parecieron efímeros momentos. A las dos semanas, él se fue de vuelta al norte a continuar sus estudios. Ella se quedó besando la nostalgia de aquellos fogosos encuentros.

Cuatro años después, ella es una respetable dueña de casa y ha hecho el mismo recorrido cientos de veces. Y mientras los pasajeros se quejan del bamboleo de aquel feble trozo de latón, ella sonríe. Porque cada vaivén mece un húmedo rincón de su memoria.



PD1: Este cuento lo escribí hace tiempo, pero lo encontré hace poco.
PD2: Me voy de vacaciones a Buenos Aires asi que estaré ausente hasta el 1º de Marzo, espero subir una que otra fotillo al fotolog.

lunes, 25 de diciembre de 2006

Golpe navideño

La luz bajaba armoniosamente sobre su estampa, proyectando su imagen sin sombra. El lugar era espacioso, el blanco resplandeciente de su vestimenta sólo era tamizado por haces de luz que parecían provenir desde todas partes. Él caminó hacia la multitud, con la parsimonia de quien nada teme. Algunos hombres se sorprendieron al verlo, dos mujeres murmuraban preguntándose si era o no.

De pronto un niño grita desde el tercer piso: “Miren, ¡¡¡es Jesús!!!”. En el segundo siguiente se armó toda una batahola de gente, algunos gritaban, otros vitoreaban extasiados, los menos seguían mirando vitrinas con total indiferencia. De pronto aquel hombre comenzó a destrozar todo el lugar, gritando: “¡Maldito aquel que cambia su alma por posesiones terrenales, porque caerá bajo mi ira!”. Un grupo de guardias, alertados por los testigos, acuden raudos a detener a aquel hombre. Tres de ellos se lanzan sobre él, pero éste los lanza por los aires sin siquiera esforzarse. Luego de destruir una figura de Santa Claus, comenzó a echar abajo toda la ornamentación, gritando: “¡Afuera malditos consumistas!”. Otros guardias intentan detenerlo pero él los lanza por los aires cual muñecos de trapo. La gente se inquieta, algunas mujeres salen corriendo despavoridas. Su fuerza descomunal no deja nada en pie, derriba un árbol navideño de 6 metros ¡de un solo golpe! Y sigue arrasando con todo lo que hay en su camino, vociferando con las manos en alto. Entonces llegan varios policías, quienes sacan sus bastones tratando de intimidar a aquel hombre, se tiran sobre él, se escuchan gritos, garabatos.

De pronto una voz atronadora se escucha por todo el lugar: “¡Dejad a mi hijo!”. En ese instante todos se quedan mudos y perplejos, con la mirada hacia arriba. Y al segundo siguiente se escucha otra voz, más bien gutural, que dice: “¡Cállate mierda!”. Luego se escuchan gritos, insultos y a continuación silencio.

A los pocos minutos, aparecen los periodistas ávidos de carroña mediática, listos para hacer los despachos sobre tan importante noticia. Uno de ellos decía:

“En las imágenes captadas por las cámaras de seguridad, podemos ver a Jesús Salazar, el campeón de los pesos pesados de la Asociación Mundial de Boxeo, cuando destroza el interior del Mall Alto Blanco. El boxeador puertorriqueño de visita en Chile, quien recientemente creó su propia congregación llamada “Los ángeles boxeadores de los últimos días”, tuvo otro arranque de furia similar al registrado en México, y antes de ser subido a un vehículo policial declaró que lo hizo: “Al ver la debacle moral sustentada en el consumismo, la relatividad moral y la indecencia. Pero Dios me ha pedido que ¡salve al mundo! Y no descansaré hasta lograrlo”.
Se necesitó el apoyo de 10 oficiales de policía para poder reducir al hombre de 1 metro noventa y ciento cuatro kilos de peso.

En el mismo lugar fue detenido José Salazar, padre y manager del boxeador quien en medio de la reyerta intentó encerrarse en la sala de locución del Mall Alto Blanco. El hombre, de origen español, fue liberado a las pocas horas tras pagar una fianza de 500 dólares.
Desde Santiago de Chile, fue un despacho de Baltazar Melchorz para SNN.”


lunes, 18 de diciembre de 2006

JuegoCuento II

Memorias ajenas (por Jhazmine y Juan Carlos)

En una tarde soleada un perro cruza la calle principal del pequeño pueblo costero. El ambiente bucólico sólo es removido por el ocasional paso de los buses llenos de turistas que, verano a verano, trastocan la tranquilidad de este pequeño pueblo, cuya población de pescadores mira con recelo.

En este lugar no existían ni presente, ni pasado, ni futuro pues todos los tiempos se entremezclaban entre el polvo de historias viejas y cíclicas y la alegoría multicolor que dejaban sus visitantes. Era un pueblo detenido, todo parecía congelarse en pequeñas postales sin remitente y sin destino. Los rostros, la habitual calma y aún las acciones inesperadas o la sorpresa eran sólo fotos, pequeñas instantáneas.

Gabriel llegó a este lugar buscando evadirse de una vida llena de lujos y privilegios, lo cual le había llenado de una sensación de vacío. Cual trashumante, dejó atrás su casa, su lujoso auto, sus siliconadas novias, todo. Y partió sin rumbo fijo, dejándose llevar por las circunstancias. Su padre le dijo que se fuera a relajar a la casa de Acapulco, su madre le recomendó irse una temporada a París pero él prefirió dejarse llevar. Dejó de pensar esperando comenzar a sentir, dejó de planear viajes esperando que ahora el viaje le programara un destino, uno tan incierto como el trayecto de lo que hasta ese día era su vida.

Al partir alistó muy pocas cosas, unos cuantos libros del abuelo y algunas fotos viejas; tomó el auto pequeño, en el que el jardinero o la nana hacían compras ocasionales, y comenzó el viaje sin rumbo. En la carretera vacía la situación se tornó en psicodelia, contraposición entre un carril y una vida vacíos y la música a todo volumen cuyas estrofas se confundían con lo que Gabriel intentaba clarificar. Remolinos. Colores. Neón. Ciudades. Situaciones insólitas. Ana, Laura, Andrea, y tantas otras nominaciones amorfas, indiscutidas, olvidadas. Sólo una continua rotación de imágenes difusas, un cartel de desvío a 87 kilómetros después de partir y un boleto interno a cualquier lugar.

Al pasar fuera de una pequeña casa al costado de un camino de tierra aledaño a la carretera, divisó a un niño que jugaba con una pelota maltrecha. De pronto un calor extraño subió por sus mejillas, recordó aquella tarde cuando por primera y única vez su padre dejó de lado sus negocios y se dio el tiempo de jugar con él. Una lágrima nació en su rostro sólo para morir en el puño de su negación Ya nada importaba, él ya no era un chiquillo. Sin embargo, algo faltaba, sentía una urgencia, una terrible ansiedad sin poder clarificar el por qué.

De todos modos, muchas cosas habían quedado en el silencio obligado al que le habían acostumbrado sus padres. ¿Para qué decir si no hay quien oiga? Todo lo que Gabriel guardaba podría responder a su desesperación pero aunque la memoria es una caja que absorbe mil y una cosas, ocasionalmente se convierte en un hoyo negro en espiral y en descenso que extravía lo importante cuando la rabia ha ofuscado cualquier luz y cualquier verdad

De pronto un anciano se acercó a él y le dijo:"Te estaba esperando". Él no respondió, pensando que se trataría de alguna víctima de la demencia senil. Comenzó a caminar hasta llegar a la playa, dejando el pequeño auto abandonado sin que le importara. Sus pasos se prolongaron hasta llegar a la playa, una vez allí siguió caminando mojando sus pies en el agua, sin darse cuenta que el agua parecía no notar su presencia. Su caminata se prolongó por horas, tal vez días. En este pueblo todo era confuso, momentáneo, simultáneo, etéreo.

Casi al anochecer llegó a un pequeño faro, su curiosidad lo llevó a subir las oxidadas escaleras hasta llegar a la casa del foco desde la cual pudo observar el mar embravecido. Mientras tanto, las fogatas semejaban pequeñas hijas del gran faro, dando cuenta de los jóvenes que, cual libidinosas luciérnagas, salían a expresar el éxtasis de la juventud.

Dio media vuelta porque las fogatas le recordaban todo lo que quería olvidar, nostalgias de un compartir cotidiano que nunca tuvo. Se sentó en una silla vieja y observó que en el fondo de la habitación había una pequeña caja cubierta de polvo y telarañas. Dudó en abrirla pero decidió no seguir planeando y analizando cada pequeña acción para seguir, por primera vez, sus instintos. Al abrir la caja ésta empezó a resquebrajarse, llenando su ropa de un olor húmedo. En el interior había un periódico de 1922, sin primeras planas impactantes ni noticias recortadas o resaltadas; una botella minúscula con un líquido que, por el color, le pareció era vino; una carta descolorida firmada por las iniciales G.R. y una última letra borrosa e ininteligible.

En el fondo de la caja, había un cuaderno que contenía dos fotos y varias anotaciones en orden cronológico. Sentado en el piso, y a la luz de una vela olvidada, Gabriel decidió leer primero la carta.

Graciela, amor mío.

El tiempo ha ajado mi cara al compás de la nostalgia, he tratado vanamente de concentrarme en mis quehaceres militares pero cada segundo lejos de ti duele más que las balas que recibí en aquella infortunada batalla. Mi único consuelo es saber que nuestro pacto nos ha de mantener unidos más allá del tiempo y las distancias. Llevo el amuleto pegado a mi pecho como silencioso testimonio de mi amor por ti. Ninguna medalla podrá compensar la angustia de ver cada amanecer lejos de ti. La trompeta da el inicio del día y mi alma se pone la coraza que oculta mis ganas de desertar e ir a tu encuentro. Sólo el juramento que hice, como hombre de honor, me mantiene aquí. No desmayes amor, que he de compensar cada segundo de ausencia con besos de amapola.
Me despido reafirmando que ni siquiera la muerte podrá impedir mi regreso a ti.
Con amor

Gabriel Robles Arteaga

Gabriel sonrió un poco. Cada palabra no sólo había resonado en su mente sino que lo llevó a recorrer el momento de la guerra y lo transformó en ese otro Gabriel. No supo ni cómo pero imaginó el rostro de Graciela y la besó cuantas veces pudo en un recuerdo que no era el suyo. Estuvo largo rato con la carta entre sus manos, tratando de tener cada palabra presente y, con ellas, a Graciela, sus cabellos finos y cobrizos, sus ojos perdidos y grises que hacían juego con el vestido de flores pequeñas que llevaba puesto. Luego, se dio cuenta de que estaba perdiéndose en lo ajeno y se sintió un poco extraño... quiso despejarse y abrió la botella, sintió el olor del licor añejo... un aroma dulce que lo envolvió de nuevo en la historia. Abrió el cuaderno y un pequeño recuadro cayó al piso.... lo levantó y observó en ella la imagen de la mujer delgada que había imaginado y besado minutos atrás.

Su ánimo se turbó, su boca pronunció preguntas sin respuesta ¿dónde estoy?, ¿qué es este lugar? Las preguntas se fueron atropellando en su mente hasta llegar a la más aterradora de todas: ¿Quién soy yo? Miles de imágenes, sonidos, olores, sensaciones, emociones, lugares. ¡Su mente era un remolino! Justo cuando la desesperación se apoderaba de él escuchó una voz ronca y cálida que decía:"Te estaba esperando". Sin siquiera mirar, supo quién era. Algo le hizo detenerse y así, inmóvil, aquella voz le comenzó a relatar la historia pasada, presente y futura: su historia.

Escuchaba atónito, el anciano hablaba de sucesos que Gabriel no llegaba a comprender pero que sentía suyos y reconstruía en su mente. El faro, el aroma de la botella sin cerrar, la media luz, la caja y un pequeño perro que acompañaba al anciano conformaban un ambiente más intrigante aún. Cada frase se hacía suya y poco a poco el narrador fue trasformándose en actor... la imagen del anciano comenzó a difuminarse y el resto de la historia era contada por una voz mucho más familiar, la de él mismo.

Hijo de una familia acomodada, crecí en un ambiente culto, acomodado y elitista. Tuve todas las ventajas que el dinero pueda comprar, la palabra esfuerzo no formaba parte de mi vocabulario. Mi vida transcurría sin mayores sobresaltos hasta que la vi. Era la hija del jardinero, Graciela era su nombre. Su belleza era la envidia de todas las flores del jardín, su inocencia el mayor tesoro de sus tiernos 15 años. Yo que nunca supe más que evadirme con vino y mujeres, de pronto conocí la más exquisita angustia y me vi en la peor situación: perdidamente enamorado. Aún recuerdo la primera vez que, por casualidad, nos encontramos en el jardín. Su padre estaba ocupado con los tulipanes de mi madre, mientras ella desmalezaba el camino de rosas. Aún recuerdo cuando nuestras miradas se cruzaron en el umbral del jardín mayor. Día a día, el jardín comenzó a florecer a la par de nuestras miradas y sonrisas cómplices. Poco a poco nos fuimos acercando, no quería que ella fuera una más de mis conquistas. No, ella era distinta. Su aroma, exquisita mezcla de rosas, jazmines, lavandas y tierra húmeda marcaba el rastro que guiaba mis pasos a través del jardín. Y así pasaron los días hasta que una noche de verano, decidí salir a caminar. Cual sería mi sorpresa al sentir aquella delicada alquimia de seducción. Sin pensarlo, mis pasos se dirigieron por el camino de mis ansias hasta llegar a ella.

Su padre no había asistido aquella tarde, por lo que Graciela se quedó mucho más tiempo haciendo las labores sin ayuda. Me acerqué despacio, me senté a su lado y nos pusimos a conversar. Yo no tenía muchas cosas para contarle, ella recurría a la historia oral con la que su familia la deleitaba cada noche. Me contó de sus abuelos, él había fallecido en el campo de batalla sin saber que dejaba un vientre en flor. Ella recibió la noticia de su muerte tres meses después de que Antonio Robles, su único y primer hijo, llegara al mundo.

El sol había comenzado a salir, Gabriel despertó en la casa del faro y no recordaba muy bien cómo había llegado hasta ese lugar, sólo tenía un cuaderno apretado contra el pecho. Se percató de otra presencia en la habitación, un perro que tenía una foto en el hocico. Se levantó y quiso tomarla pero el animal dio media vuelta y bajó por las escaleras. Gabriel no dudó en correr detrás de él, por momentos lo perdía, hasta que desde una esquina lo divisó cruzando la calle y al levantar la vista, encontró a Graciela y dos personas en color sepia que estaban al lado de ella, el anciano y la mujer de la foto se perdieron uno al otro en un abrazo, desapareciendo. Y Gabriel finalmente comenzó a entender. Nuevamente el torbellino de emociones, aromas, rostros, confusión, angustia y alegría.

De pronto, una voz comenzó a llamarlo desde lejos, él sin pensarlo decidió dirigirse hacia ella. La voz continuaba llamándolo: "3, 2,1....Liliana, despierta ¡ahora!" Ella abrió los ojos confundida, las sensaciones de Gabriel aún estaban en ella, aquellas imágenes, aquella urgencia de ir hacia su amor. El psicólogo la ayudó a incorporarse, mientras ella aún trataba de asimilar lo vivido.

Finalmente todas las piezas comenzaban a calzar. Aquella hermosa mujer que merodeaba en sus sueños ahora tenía nombre, rostro e incluso aroma. Al salir de la consulta decidió que no iría a su casa, cruzó la calle y entró en un pequeño café. Aún embriagada por las sensaciones de aquella experiencia, miró por la ventana y se encontró con el rostro de un extraño que se había detenido a mirarla. Ambos sonrieron. Él entró al café y se sentó al frente de Liliana, la contempló unos instantes, tomó su mano en la que puso una medalla antigua, se acercó más, le dio un beso y se presentó: "yo soy Gabriel".


Fin


PD: Al fin pude (re)publicar este juegocuento, mis disculpas a Jhazmine.

sábado, 18 de noviembre de 2006

JuegoCuento

Hace tiempo se me ocurrió la idea del juegocuento. Ahora ¿qué diablos es un juegocuento?

Básicamente es un cuento escrito por más de una persona. Cada uno aporta su parte por turnos.

Es escrito online, principalmente usando Messenger(con el historial activado). Lo cual no da tiempo para pensar demasiado y eso implica que el subconciente de cada escritor(a) se manifieste con ideas, personajes, giros, etc. De hecho, para mí una de los mayores atractivos es ése, que las ideas fluyen casi sin filtros y eso ayuda a leer no sólo la historia sino también las ideas, sueños, fantasías, miedos, obsesiones y prejuicios de los escritores.

La historia debe ser totalmente espontánea, por lo que absolutamente nada está predefinido.

La única regla es mantener la coherencia de la historia es decir, que no queden cabos sueltos, ni personajes sin razón de ser.

La idea es sorprender al lector pero también a los co-escritores mediante giros inesperados, personajes nuevos, etc. Si no te gusta cómo va la historia puedes torcerla cuando sea tu turno =P

Bueno, sin más preámbulo aquí va el primer JuegoCuento.

Recuerdos (por Juan Carlos y Zaidita)

Una mujer va caminando por una calle desierta, el cielo está oscuro y todos parecen haberse ido a otro lugar. Pero en ese momento comenzó a pensar que no era que los demás se hubiesen ido a alguna parte, sino que ella era la que no estaba en donde debía.

Entonces oyó un estallido y gente gritando, a lo lejos divisó una columna de humo, comenzó a correr hacia el lugar sin pensar mucho en lo que hacía.

Pero pronto se dio cuenta que no era lo que veía, si no lo que estaba pensando. Su mente estaba confusa.

Su cabeza daba vueltas. Comenzó a mirar hacia todos lados. De pronto la voz de un hombre la llamó: "¡Alicia! ¡te hemos buscado por todas partes! Hay muchos heridos y necesitamos que nos ayudes a atenderlos, eres la única doctora cerca". Ella no entendía, de pronto se miró en una de las pocas vidrieras que quedaban intactas y se vio, estaba con su delantal ensangrentado. Entonces comenzó a entender que ella era doctora en zona de desastre, quería ayudar a los heridos aún sin recordar su nombre ni nada más.

Ella avanzó y acudió en ayuda de otros aún sin certeza del cómo, no se acordaba de nada, de pronto se vio caminando sin sentido en un lugar que no conocía, de una manera que poco entendía y todo daba vueltas, pensaba en cómo y cual ayuda daría a quién y qué causo tanto desastre, pero mientras más cavilaba, más interrogantes surgían que no la dejaban en paz, y así seguía acercándose al lugar donde se encontraban los heridos. No sabia si era su nombre por el cual la llamaban, pensó que la confundían y al pensar tanto, no hallaba la forma de poner sus ideas en claro.

Hasta que los gritos de una mujer la sacaron de su trance y reaccionó, comenzó a correr hasta llegar donde estaba la mujer. Estaba con sus ropas destrozadas, tenía la cara llena de barro. Le tomó la mano tratando de tranquilizarla.

Pero por mucho que quiso yudarla no encontró de qué manera hacerlo y así veía a aquella persona desangrarse en sus brazos.

Lucía miraba desde lejos mientras los dos hombres conversaban con aire docto. El de lentes dijo: "Me parece que hay muy poco que hacer. Su condición es bastante grave, el trauma sufrido debe haberla afectado a un nivel muy profundo". A lo que el otro respondió:" Sí, se nota que lo vivido en Bosnia la afectó de manera terrible". De pronto Lucía se levantó, sus ojos estaban vidriosos pero decidió que ya no seguiría llorando, debía ser fuerte para apoyar a su hermana. Si ella perdía la esperanza sería el fin para Alicia.

Alicia cayó en cuenta de todo, recordó aquellas aterrorizantes tardes de bruma veraniega en Bosnia. De todos los maltratos, de aquellas torturas que vio y que en alguna forma fue partícipe y culpable. Todo venía a su mente con claridad ahora, veía su vida de manera tan triste, a su amor perdido entre gajos de piel ensangrentada desparramada en el piso, veía dolor y más dolor…tenía sentido, él había muerto y con ello su razón de ser y vivir.

Los doctores la observaban fríamente mientras ella azotaba su cabeza contra las paredes acolchadas recordando la culpa que la atormentaba por no haber podido salvar a su amor, en ese trágico día en que su vida dejó de tener sentido.

De pronto Lucía recordó que le había traído un regalo a su hermana que podría ayudarla a sobrellevar el dolor en su delirio. Se acercó a los siquiatras y les dijo: " Quiero ver a mi hermana". Los médicos consintieron. Ella entró, abrazó a su hermana y le dio una pequeña fotografía. Era la única foto que se sacó junto a Jean, el amor de su vida. Ella, en un extraño momento de lucidez, sonrió.

Su hermana también sonrió, con lágrimas en sus ojos, luego se fue. Alicia entonces pudo escapar de la tristeza, aún cuando su cuerpo seguía cautivo en aquella institución siquiátrica, su mente y su alma escaparon a lo más recóndito de su memoria. Y pudo recordar aquellos momentos felices junto a su amor, ya nada importaba. Ahora su locura era el feliz refugio a su alma destrozada.

¿Alguien más se anima? Déjenme un mensaje en la pizarra bizarra con su MSN y yo me contactaré.

PD: Próxima entrega, juegocuento escrito junto a Jhazmine.

martes, 7 de noviembre de 2006

En la oscuridad

A-mor

Susurras mi nombre en las sombras

ofreciéndome tu abrazo eterno

para descansar de esta nostalgia


Me llamas en mi noche solitaria

pero mi espíritu se aleja de ti

y de tu beso frío e irreversible


Me rehúso a hacerte mía

aún sabiendo que al final

seré irremediablemente tuyo.


Epitafio (a mi mamá)

Viniste a este jardín de dolor

lo sembraste de amor y ternura

y aún después de tu partida

la esperanza florece en cada recuerdo

en cada corazón que tú tocaste.

jueves, 19 de octubre de 2006

Historias de micro

Hoy decidí ir al centro, luego del trabajo. Fui al paradero, me subí a un micro de la línea 103 y me senté en la segunda fila, al lado opuesto del chofer. Todo bien, hasta llegar al centro(Ossa con Maipú). De pronto un tipo de muy mal aspecto le dice al chofer: ¿Sossio me lle'a? (en dialecto flaite: amigo me puede llevar gratis). A lo que el chofer, luego de dudar por unos segundos, le dijo que si. Craso error, porque el tipo se sentó al final del pasillo y a los pocos segundos, entre varios pasajeros, se sube otro tipo con peor aspecto que el primero. Me llamó la atención que pasara sin pagar. De pronto me fijo en su mano derecha y veo un estoque. En ese segundo pensé: Glup! esto es un ajuste de cuentas entre delincuentes.
No pasaron ni 3 segundos, cuando veo una literal estampida de pasajeros corriendo hacia la puerta de adelante, me paro y miro hacia atrás y veo al primer tipo sentado sujetándole el brazo derecho(armado) al otro. El chofer no atinó a nada, varios pasajeros se bajaron despavoridos, otros nos quedamos viendo el terrible espectáculo. Hasta que el "choro" con el estoque decidió bajarse, no sin antes amenazar al otro tipo con golpearlo o algo peor. Los pasajeros que no arrancamos nos quedamos mirándonos perplejos, tratando de asimilar esos demenciales minutos.

Es bastante obvio que ese chofer jamás volverá a llevar a nadie gratis, que muchos pasajeros no se podrán subir tranquilos a un micro sin sentir algo de angustia y que yo no dejaré de andar en micro, precisamente porque es allí donde se pueden capturar momentos alegres, románticos, chistosos, atemorizantes. La vida misma, con todos sus claroscuros.

Eso me gusta de andar en micro, siempre hay materia prima para escribir nuevas historias

sábado, 7 de enero de 2006

665





El sol brillaba en lo alto del cielo, yo rebosaba de alegria y orgullo por ser mi primer día como Supervisor de Prevención de Riesgos de la constructora, todo un logro para alguien con apenas dos años en la empresa.
Sobre nuestras cabezas la enorme grúa levantaba las vigas del quinceavo y último piso. El gigante mecánico giraba lentamente, el rugido de sus motores se diluía en el incesante ruido urbano; sólo su sombra delataba su ominosa presencia.
A la hora de almuerzo iba caminando por una plaza aledaña a la construcción en la cual estaba trabajando, cuando encontré un pequeño libro tirado en el pasto, lo tomé y seguí caminando hasta llegar a un pequeño café con mesas afuera del local, donde los clientes solían beber café o jugos mientras deleitaban la vista con las mujeres que pasaban por el lugar. Abrí el librillo que comenzaba así:

"Ella tenía una pequeña consulta donde atendía de 9 a 6. Ese día debía abordar un avión asi que agarró su maleta y se subió a un taxi. Al acomodarse en el asiento notó un pequeño librito que seguramente alguien había olvidado allí, lo hojeó rápidamente y lo echó a su bolso de mano, pensando que sería una buena entretención durante el vuelo.
Al subir al avión sintió cierta inquietud pero no le dio importancia pensando que era debido a la ansiedad por llegar pronto a su destino. El avión despegó sin contratiempos, ella miró a través de la ventanilla y observó el mar en plenitud.

A la media hora de vuelo recordó aquel librito que encontró en el taxi, revisó su bolso de mano y se dispuso a leerlo acompañada de un martini.
Mientras leía aquel pequeño libro de cubierta negra comenzó a sentir escalofríos, de pronto un motor del avión se comenzó a incendiar. Las aeromozas trataron de calmar a los pasajeros, la voz del capitán se escuchaba a través de los parlantes dando palabras de tranquilidad. De pronto el avión pareció estabilizarse, las aeromozas volvieron a dibujar su sonrisa plastificada para alivio de los pasajeros. Ella seguía intranquila, pidió otro martini. Al cabo de una hora las cosas estaban calmadas, por unos momentos se puso a pensar en todas las cosas que hubiese dejado inconclusas en caso de que el avión hubiese caído. Luego pensó para sí:"si este maldito avión se cae por lo menos he de terminar de leer este librito".

Volvió a abrir el librito en la página donde había quedado antes del incidente con el motor izquierdo. De pronto sintió escalofríos, los que atribuyó al aire acondicionado. Continuó leyendo y de pronto una mueca de espanto se dibujó en su rostro, miró el título del cuento y unos momentos más tarde el motor derecho comenzó a lanzar humo negro hasta cubrir el fuselaje, las personas comenzaron a gritar, en medio del caos las aeromozas trataban inútilmente de calmar a los pasajeros.

El grito ahogado en su garganta fue reemplazado por el aullido de la multitud a su alrededor, mientras el avión caía en picada hacia el mar. Una vez más miró el título del libro y sonrió al entender la ironía de ser una vidente que no previno su propia muerte. El ruido de los motores se fundió con los gritos de la multitud aterrorizada, desde lejos el avión parecía una gran bola de fuego aullante. Todos los pasajeros sabían que estaban condenados...pero sólo ella sabía por qué."

Sobresaltado, en ese instante detuve mi lectura, algo me hizo dudar de leer las últimas líneas...pero mi curiosidad pudo más. Respiré hondo y seguí leyendo.

Cuando finalmente comencé a entender, el terror se apoderó de todo mi ser. Sintiendo una mano fría e invisible sobre mi hombro, dudé varios minutos hasta que finalmente miré la portada y el título decía '664'. De pronto toda la gente a mi alrededor estaba gritando y corriendo despavorida, ¡¿yo no sabía por qué!?...hasta que levanté mi vista y vi al gigante mecánico cayendo justo sobre mí.